CONFERENCIA:

LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA EN EL TIEMPO HISTÓRICO NACIONAL.

(ASPECTOS TEÓRICO-METODOLÓGICOS Y SOCIALES EN LA FORMACIÓN DE INVESTIGADORES EN VENEZUELA)

(1830-1999)”

Hora: 8:30 am a 10.oo am

Dr. José Pascual Mora García

Universidad de los Andes- Táchira

Investigador PPI nivel II (FONACIT)

RESUMEN

Nos proponemos hacer un estudio del papel de la ciencia y la tecnología en las distintas escenificaciones del tiempo histórico nacional venezolano del siglo XX y comienzos del siglo XXI. En este sentido, partimos de la hipótesis de que históricamente las elites y la intelligentsia fueron los ejes protagónicos en su dimensión operativa de las políticas científico-tecnológicas de los gobiernos de turno, es decir, funcionaron como aparatos ideológicos del Estado, y sirvieron de base en el diseño del tiempo histórico nacional; organizaron los ritos y conmemoraciones cívicas, la historiografía y la en­sayística, determinaron cuál debía ser el paradigma científico dominante, planificaron la economía política de la verdad científica y tecnológica, incluso diseñaron cuándo y cómo debía distribuirse los recursos en las masas aliados con los centros hegemónicos del paradigma tecnocrático mundial. De esa manera, la escenificación del tiempo nacional diseñada desde las elites se convirtió en una suerte de esqueleto del imaginario científico nacional, y a la postre en una gran maquinaria que impuso el paradigma dominante. El principal imaginario tecnológico que ha determinado la construcción del tiempo histórico nacional venezolano en el siglo XX y comienzos del XXI ha sido el imaginario petrolero (Luis Ricardo Dávila, 2005). El imaginario petrolero es un componente de la sociedad venezolana, está presente en todas las representaciones, e incluso ha determinado las políticas oficiales en la formación de investigadores; y al mismo tiempo, arrastra consigo las taras de una mentalidad dependiente traducida en una “cultura piñata” sembrada en el inconsciente colectivo venezolano.

Introducción.

Considerando la experiencia colectiva del tiempo, pueden distinguirse en Venezuela, desde la Colonia hasta el presente, distintas escenifica­ciones del tiempo histórico y nacional. Tras el tiempo colonial, que ha sido descrito como un tiempo estancado pueden señalarse al menos cuatro modalidades de ex­periencia e invención colectiva del tiempo: el tiempo fundacional a partir de 1830, en el cual las elites escenificaron la construcción de una nación de ciudadanos: educar y civilizar en el marco un ideal republicano e ilustrado. Es el tiempo del nacimiento de la nación.

Luego adviene el tiempo de la inte­gración hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, el cual incorpora discursivamente nuevos sectores sociales y étnicos, ya no sólo está presente la casta de los independentistas que se consideraban herederos de Venezuela, sino que aparecen en la contienda de la construcción del tiempo histórico nacional los andinos en el poder. El Estado diseña las políticas en ciencia y tecnología aliado de una intelligentsia que pronto será conocida como las “Luces del gomecismo”, en la cual intervienen importantes tachirenses formados en el Colegio-Seminario Sagrado Corazón de Jesús en La Grita, bajo la anuencia académica de Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno. La tesis del “gendarme necesario” de Laureano Vallenilla Lanz justifica un rol preponderante del Estado, que justifica la mano dura del poder hasta el punto de que las propuestas democráticas de Medina y Gallegos se ven frustradas con un retorno a la dictadura con Pérez Jiménez.

A partir del año 1958, podríamos decir que emerge el tiempo de transformación, para lo cual se propone una nueva Constitución (1961) y un cambio en la estructura socioeconómica en beneficio de los trabajadores y los sectores más desposeídos. La década del sesenta se debate en una polémica caracterizada por el entrecruce de tendencias diametralmente apuestas; frente a la propuesta oficial aliada con el paradigma planificador y desarrollista, insurge un importante sector intelectual que propone el desarrollo del concepto de nación apegado al de clase, revolución y anti-imperialismo. Esta segunda propuesta es sometida y el Estado transita poco a poco en un modelo que termina entregado en manos del paradigma neoliberal en la década de los ochenta. Los parámetros para el desarrollo en ciencia y tecnología no son fijados por el Estado sino por las políticas del Banco Mundial; igualmente sucede con las políticas educativas las cuales no son producto del rol planificador del Estado venezolano sino que obedece a las imposiciones del Banco Mundial y en lo social a las del Fondo Monetario Internacional, organismo que ejerce sobre la economía nacional un férreo dominio caracterizado por las reglas de ajuste, liberalidad económica y privatizaciones.

A partir de 1998, podríamos decir que transitamos un nuevo tiempo histórico nacional, se propone un cambio estructural desde la base económica de la sociedad hasta la superestructura jurídico político e ideológica. La “revolución bolivariana” de la postula una mirada del tiempo histórico nacional pero mirando desde abajo, una propuesta política que reivindica los sectores expoliados históricamente, un pronunciamiento por los trabajadores y de los sectores más desposeídos; un nuevo tiempo caracterizado por el cambio estructural que tiene como pivotes un neonacionalismo de izquierda que retoma el concepto de nación vinculado al de clase, revolución y anti-imperialismo. Por primera vez la intelligentsia que históricamente había actuado en maridaje con los gobiernos de turno cede su puesto a los sectores populares. A pesar de que la intelligentsia participó como asesora en el proceso Constituyente de 1999, y algunos fueron asesores del Presidente Chávez, ésta se alejó. El abandono de esa intelligentsia ha dado paso a una forma de participación de los liderazgos populares subordinados incondicionalmente a la figura del presidente. Esta circunstancia en nada beneficia ni a Venezuela ni al actual sistema de gobierno. Porque el sistema de gobierno democrático debe ser capaz de resistir la disidencia interna.

Es necesaria la emergencia de una nueva intelligentsia que participe en la elaboración simbólica, una nueva intelligentsia que salga del acomodo político, y la supuesta neutralidad valorativa. Una nueva intelligentsia que supere la visión aburguesada, una nueva intelligentsia que responda responsablemente como intelectual orgánico. Este me parece que es el reto más importante tanto del actual gobierno como de la oposición en materia de formación de una intelectualidad corresponsable con la construcción del nuevo tiempo histórico que transitamos.

Sólo cuando comprendamos que el concepto de nación más que un dato geográfico o una mera territorialización del poder es una elaboración simbólica, que se constituye en torno a una interpretación del sentido de la historia de cada país, podremos pensarnos como nación responsablemente frente al futuro. Cada generación diseña su tiempo histórico, y esa es la responsabilidad de todos en Venezuela; no sólo es la responsabilidad de un grupo o sector de la sociedad como se hizo en el pasado por las clases que hegemónicamente detentaban el poder.

Veamos en detalle algunas de las características de la ciencia y la tecnología en las etapas de la escenificación del tiempo histórico nacional:

1. TIEMPO HISTÓRICO FUNDACIONAL (1830-1899)

2. TIEMPO HISTÓRICO DE LA INTEGRACIÓN (1899-1958)

3. TIEMPO HISTÓRICO DE LA TRANSFORMACIÓN (1958-1998)

4. TIEMPO HISTÓRICO DE LA GLOBALIZACIÓN Y “REVOLUCIÓN BOLIVARIANA” (1999-2007)


Conferencia Inaugural


El Dr. Jesús Raúl Navarro García, Director de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos (Sevilla-España), dictó la Conferencia Inaugural de la Maestría en Historia (Convenio UCLA/ULA-Táchira), el 19/03/07 en la Sede de la Sociedad Bolivariana y de la Academia de Historia del Táchira


Actividades en marzo 2007

Actividades en la Academia de Historia del Táchira y Sociedad Bolivariana del Táchira:
1. El sabado 3 de marzo recibirá la incorporación como Miembro Honorario del Centro de Historia de Chinácota, Departamento de Norte Santander, Colombia, el Dr. José Pascual Mora Gracía, quien es presidente de la Academia de Historia del Táchira, Sociedad Bolivariana del Táchira y profesor de la Universidad de los Andes-Táchira.
2. El jueves 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer la Sociedad Bolivariana del Táchira, en sesión solemne con la Academia de Historia del Táchira, otorgará la Orden al Mérito "Doña Cecilia Ferrero de Romero Lobo", a la Dra. Edda Samudio, insigne investigadora e historiadora de la Universidad de los Andes-Mérida, recientemente incorporada como Miembro Correspondiente Extranjero de la Acadademia Colombiana de Historia. El acto que se desarrollará en la casa de la Sociedad Bolivariana del Táchira, San Cristóbal, a las 9:00 am.

En Homenaje a Pedro Pablo Paredes

EXPOSICIÓN DE TESIS DOCTORALES PUBLICADAS Y LIBROS

Dr. J. Pascual Mora García,

Presidente de Academia de Historia.

El pasado 19 de enero con ocasión del acto solemne en homenaje a los 90 años del profesor Pedro Pablo Paredes, en la casa de la Sociedad Bolivariana del Táchira, se inauguró la exposición de Tesis Doctorales de los Individuos de Número, publicadas por editoriales reconocidas; quiero agregar que hay más académicos con tesis doctorales defendidas pero algunas están en proceso de edición. En la muestra también se incluyen los capítulos de libros y libros de los académicos publicados en el siglo XXI, se tomó uno por académico. Se estima que en el futuro haya una exposición permanente de las obras publicadas por los académicos en los últimos años, ya que el estándar que mide la calidad de las instituciones académicas son las publicaciones e investigaciones, así como también la presentación de ponencias en congresos o seminarios regionales, nacionales e internacionales. A continuación citamos los títulos de las tesis doctorales expuestas: (2005) Mogollón, Ligia Esther. San Cristóbal, ciudad y territorio en el siglo XX. San Cristóbal: UNET, 240 pp; (2004) Mora García, José Pascual. La dama, el cura y el maestro en el siglo XIX. Mérida: Consejo de Publicaciones ULA, 498 pp;. (2003) Sánchez, Samir. San Cristóbal: Urbs Quadrata. UCAT. 838 pp; (2001) Torres Sánchez, Jaime. Haciendas y posesiones de la Compañía de Jesús en Venezuela: El Colegio de Caracas en el siglo XVIII. Sevilla: CSIC. 341 pp; (2000) Carrero, Manuel. Cipriano Castro, el imperialismo y la soberanía nacional venezolana (1895-1908) Caracas: BATT. También se puede apreciar una muestra de las obras publicadas por el homenajeado, Pedro Pablo Paredes. La exposición tendrá una duración de mes y medio, así que invitamos a los investigadores y estudiantes de los diferentes programas de maestría y doctorado a apreciar la exposición. Actualmente en San Cristóbal se desarrollan varios programa de doctorado y es oportuno contar con referentes nuestros en las investigaciones. A continuación citamos las libros expuestos y que son el resultado de una investigación: (2006) Lugo Marmignón, Yariesa. “Arqueología de la memoria escrita. Requiem para un becerro.”, en Casado, Manuel et Al. (Comp) Escrituras Silenciadas en la época de Cervantes. Universidad de Alcalá de Henares (España)-Universitá di Bologna (Italia). 499-510 pp; (2003) Méndez Salcedo, Ildefonso. “Ramón J. Velásquez: una bibliografía selectiva.”, en AA/VV. Ramón J. Velásquez, estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela. Caracas: Universidad Metropolitana-ULA-Táchira. 399-404 pp; (2006) Hernández Contreras, Luis. Bodas de Oro de la Escuela de Música Santa Cecilia. Mérida: Esuela de Música Sta. Cecilia. 328 pp. (2006) González Escorihuela, Ramón. ¡Gómez único! Ezequiel Vivas y la consolidación del gomecismo. San Cristóbal: ULA. 198 pp. (2006) AA/VV. Aurelio Ferrero Tamayo, último hidalgo tachirense. Mérida: Academia de Historia del Táchira. 96 pp. (S/F) Villamizar Molina, J. J. Ciudad de San Cristóbal, viajera de los siglos. San Cristóbal: Alcaldía del Municipio San Cristóbal. 704 pp. (2006) Méndez Moreno, Ricardo. Páramo amigo. San Cristóbal: Litoformas. 99 pp. (2005) González Romero, Jesús. Pensamiento y vicencias. San Cristóbal: Litoformas. 710 pp. (2004) Ferrero de Romero, Cecilia. Memorias familiares. San Cristóbal: Arauco. 236 pp. (2004) Santander. Gilberto et Al. Grupos subversivos más allá y más acá de la frontera. San Cristóbal: Litoformas. (2002) Rojas, Reinaldo. De Variquecemeto a Barquisimeto. Estado Lara: Fundación Buría. (2002) Durán, Reina. Adriana y sus andanzas. San Cristóbal: Litoformas. (2001) Paredes, Pedro Pablo. Colombia en el Corazón. San Cristóbal: Virgen de la Consolación. 186 pp. (2001) Ojeda Camperos, Rafael. Relatos Vivencias de un soldado restaurador. San Cristóbal: BATT. (2000) Rojas Moreno, Fanny. La propiedad territorial en la antigua jurisdicción de La Grita. San Cristóbal, Litoformas.

PEDRO PABLO PAREDES, en la plenitud de los noventa años sigue soñando

Presentación de la Sesión Solemne

a cargo del

Dr. José Pascual Mora García,

Presidente de la Academia de Historia y Sociedad Bolivariana del Táchira

San Cristóbal, 19 de enero de 2007

A Pedro Pablo Paredes habría que cantarle con el verso de Manuel Felipe Rugeles y la prosa de Emilio Constantino Guerrero. Tendríamos que suplicarle a José Antonio Maitín, a Juan Vicente González, y a Miguel Antonio Caro para que nos prestaran su acento del romanticismo. A Pedro Pablo Paredes le quedamos debiendo su poema, permítanme recordarles amigos poetas del Táchira.

Nuestro “divino loco,” como lo suele llamar el prof. Alberto Moreno García, arriba a sus noventa años de existencia. Recientemente alguien me decía que el maestro no “andaba bien”, y le repliqué: “tenga prudencia con sus juicios, pues los intelectuales somos por lo general excéntricos, y al maestro le ha gustado toda la vida cazar los avispados.”

En días pasados le visité, y efectivamente, pude comprobar su estado de autoconciencia que solo caracteriza a los genios, y además, pude observar sus excentricidades propias de un ser creativo; sobre su impecable camisa blanca y corbata negra lucía una camisa de pijama verde. Inmediatamente pasaron por mi mente las posturas de Picasso, y las morisquetas del hijo de Cataluña: Salvador Dalí. Ojalá, que la burla del maestro de la falsa sociedad de consumo nos hiciera despertar del estado de “locura dulce” que suele caracterizarnos. Ya quisiéramos tener el promedio de los venezolanos ese grado de conciencia suprema y sublime que siempre le acompaña, en buena hora divino Maestro!. Pocos son los seres bendecidos con la palabra que Dios prometiera a Abraham: “tendrás larga vida”. Pero lo más relevante es su calidad de vida, traducida en una fructífera producción literaria y ejercicio de su vocación docente.

Desde el punto de vista de su formación intelectual formó parte de la última generación de intelectuales que se fraguaron con la palmeta y la máxima de que la “letra con sangre entra.” Me confesaba en una ocasión, que le sorprendía que hoy no se pueda enmendar las faltas de los párvulos con cierta dureza porque inmediatamente sobreviene la acusación de estar frustrándolos; “a mi me formaron con dureza, _ confiesa_ y nunca me frustré.”

El autor de Poiesología, Pablo Mora, lo describe en su fisonomía como “Ni alto ni bajo, es de tamaño mediano. Ni fuerte, ni débil, su complexión es regular. Lo distinguen un mentón anodino, unos maxilares recios, cuadrados; unos pómulos chinescos; una nariz decididamente socrática; una cejas sin solución de continuidad; una frente amplia; un pelo que ya poco cuenta; una nuca como despeñadero; la clásica cabeza del andino.” (La Nación, 19/01/07) Es Pedro Pablo Paredes de esos seres que la naturaleza bendijo con un magnetismo especial, sus energías cósmicas están bien distribuidas; las féminas encuentran siempre un encanto seductor. No hay oficina ni despacho que no deje escapar una anécdota de su trato comprensivo y amable con las hijas de Adán. Y agregaría que todo en él traduce la energía interior que acompaña a los grandes hombres.

Ideológicamente es un hombre de pensamiento abierto, libre pensador, y amante de la diversidad. En algún momento alguien le manifestó que había una literatura comprometida, y socráticamente: respondió: “dígame qué literatura no es comprometida.” Como escritor, si palabra está revestida de la gracia de su hablar, pues es de los pocos escritores que escribe como habla. Algunos críticos, como Alí Medina Machado (1994), consideran que su carrera literaria se inicia en 1944 con “Silencio de tu nombre”, le siguen “Transparencia” (1947), y “Patria de sueño” (1961). Su obra trascendental en ensayo es “El soneto en Venezuela” (1962), luego escribe el “Emocionario de Laín Sánchez (1965), “Calificaciones” (1966), “Los nombres de la Ciudad” (1969), “Alcor” (1970), y en 1977, el magistral trabajo sobre “Leyendas del Quijote.” La serie El Parnasillo lo evidencia como un escritor que busca diseminar su arte entre todos, no hay exclusión ni en su obra ni en su pensamiento. Al Táchira lo conoce desde sus entrañas, una muestra de su sensibilidad por la geografía andina tachirense se refleja en Pueblos del Táchira (1982), obra que lleva a Guillermo Morón a expresar: “Las letras de Pedro Pablo Paredes se han formado en las praderas intelectuales más propicias: los libros y el pueblo cuotidiano (sic). Son las fuentes naturales para un escritor.” (1982:9). A Bolívar le ha escrito con fina pluma, para destacar su visión civilista e intelectual, por eso sus trabajos se llaman: “Bolívar escritor” y “Perfil de Bolívar”. Es un humanista, de los clásicos, su referencia a las obras de Petrarca y Dante nos recuerdan su gusto por la literatura renacentista, quizá por eso nos conmina a leer siempre a Horacio Cárdenas en su trabajo sobre los estudios clásicos en Venezuela; la eliminación del latín y el griego en los estudios de bachillerato han empobrecido nuestro castellano. Pero por encima de todo, el humanismo de Pedro Pablo Paredes es cervantista, y en sus propias palabras propiamente quijotista. Las obras de Suárez, Caro, Cuervo, Marroquín, Pombo, Valencia, Sanín Cano, Carranza, Casas, y Téllez son un referente sistemático en su prosa y poesía. Su trayectoria en la literatura venezolana le mereció el Premio Nacional de Literatura en 1992, aunque ya en de 1974 había obtenido el Premio Municipal de Literatura en Caracas. Y el concepto por la poesía lo resume en la admiración por la trilogía de poetas venezolanos de todos los tiempos, y no duda en afirmar, que son: Andrés Bello, José Antonio Maitín, y el tachirense Manuel Felipe Rugeles. Por Emilio Constantino Guerrero guarda un afecto especial, hasta el punto de afirmar: “si yo fuera presidente de la República mandaría a editar su novela Sangre Patricia y la colocaría en la entrada de los grandes centros comerciales para que la gente la llevara de gratis.” Esta vocación le llevó igualmente a fundar y participar en varias peñas literarias, entre las que se destacan: el Grupo Yunke, La Cueva Picto-lírica, el Parnasillo, Peña Manuel Felipe Rugeles, Peña Horacio Cárdenas Becerra, y el taller poético literario Zaranda. En la Sociedad Bolivariana del Táchira siempre será recordado por ser el más ferviente impulsor del llamado Boletín de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Centro Correspondiente al Estado Táchira, del cual fue su Coordinador, en la época en que Francisco Fontiveros Casanova fuera el presidente. Allí estuvo al lado de Nicolás Rubio Vargas, Edgar Velándia, Pedro R. Villasmil, Charito de Jugo, Nerio Leal Chacón, y J. J. Villamizar Molina. En el recuerdo perenne estará siempre el homenaje In Memoriam realizado al extinto Horacio Cárdenas Becerra en 1986.En la Academia de Historia del Táchira su nombre aparece vinculado a la segunda etapa, ocupando el sillón XII del antiguo Centro de Historia del Táchira. Que en su momento estaba integrado en el siguiente orden de los sillones: Rafael María Rosales, Monseñor Edmundo Vivas, Luis Eduardo Pacheco, Aurelio Ferrero Tamayo, José Quintero García, Félix María Rivera, Amenodoro Rangel Lamus, Ramón José Velásquez, Pío bello, s.j.; Horacio Cárdenas, Mons. Carlos Sánchez Espejo, Pedro Pablo Paredes, José García Rodríguez, José Antonio González C., Ilia Cira Rivas de Pacheco, Xuan Tomás García Tamayo, Emiro Duque Sánchez, y J. J. Villamizar Molina. Y ejerció sus funciones como Sub-director, acompañando a Aurelio Ferrero Tamayo en la presidencia, para el periodo 1970-1971. Hoy queremos también recordar que el Boletín del Centro de Historia del Táchira se imprimía en los Talleres Tipográficos del Ejecutivo del Estado, por gentil disposición del Dr. Rad Rached, Primer Magistrado Regional. Pedro Pablo Paredes fue, es y será, un gran animador de las publicaciones. Recuerdo que en sus últimas participaciones a las Reuniones de Ordinarias de la Academia de Historia, en casa del Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, se presentó con dos obras: (2001) Colombia en el Corazón y (2002) Pura Música, y me dijo soto voce: “así deberíamos hacer todos en cada reunión, presentarnos con libros, para que estas reuniones no sean de chismes y discusiones banales.” Lamentablemente estamos en deuda todavía, pero seguiremos en el compromiso de poder hacer ciertas sus palabras. Por eso, cuando pensamos en un homenaje para Ud., apreciado maestro Pedro Pablo Paredes, no dudamos en presentarle una muestra de las publicaciones de los Individuos de Número de las realizadas a partir del año 2000. En el entendido, de que no hay para un amante de los libros y la sabiduría un regalo más grande. A continuación presentamos la lista de las obras expuestas:

I. TESIS DOCTORALES PUBLICADAS:

(2005) Mogollón, Ligia Esther. San Cristóbal, ciudad y territorio en el siglo XX. San Cristóbal: UNET, 240 pp.

(2004) Mora García, José Pascual. La dama, el cura y el maestro en el siglo XIX. Mérida: Consejo de Publicaciones ULA, 498 pp.

(2003) Sánchez, Samir. San Cristóbal: Urbs Quadrata. UCAT. 838 pp.

(2001) Torres Sánchez, Jaime. Haciendas y posesiones de la Compañía de Jesús en Venezuela: El Colegio de Caracas en el siglo XVIII. Sevilla: CSIC. 341 pp.

(2000) Carrero, Manuel. Cipriano Castro, el imperialismo y la soberanía nacional venezolana (1895-1908). Caracas: BATT.


II. CAPÍTULOS DE LIBROS:

(2006) Lugo Marmignón, Yariesa. “Arqueología de la memoria escrita. Requiem para un becerro.”, en Casado, Manuel et Al. (Comp) Escrituras Silenciadas en la época de Cervantes. Universidad de Alcalá de Henares (España)-Universitá di Bologna (Italia). 499-510 pp.

(2003) Méndez Salcedo, Ildefonso. “Ramón J. Velásquez: una bibliografía selectiva.”, en AA/VV. Ramón J. Velásquez, estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela. Caracas: Universidad Metropolitana-ULA-Táchira. 399-404 pp.

III. LIBROS

(2006) Hernández Contreras, Luis. Bodas de Oro de la Escuela de Música Santa Cecilia. Mérida: Esuela de Música Sta. Cecilia. 328 pp.

(2006) González Escorihuela, Ramón. ¡Gómez único! Ezequiel Vivas y la consolidación del gomecismo. San Cristóbal: ULA. 198 pp.

(2006) AA/VV. Aurelio Ferrero Tamayo, último hidalgo tachirense. Mérida: Academia de Historia del Táchira. 96 pp.

(2006) Méndez Moreno, Ricardo. Páramo amigo. San Cristóbal: Litoformas. 99 pp.

(2005) La caída del Liberalismo Amarillo. Caracas: Norma. 510 pp.

(2005) González Romero, Jesús. Pensamiento y vicencias. San Cristóbal: Litoformas. 710 pp.

(2004) Ferrero de Romero, Cecilia. Memorias familiares. San Cristóbal: Arauco. 236 pp.

(2004) Santander. Gilberto et Al. Grupos subversivos más allá y más acá de la frontera. San Cristóbal: Litoformas.

(2002) Rojas, Reinaldo. De Variquecemeto a Barquisimeto. Estado Lara: Fundación Buría.

(2002) Durán, Reina. Adriana y sus andanzas. San Cristóbal: Litoformas.

(2001) Paredes, Pedro Pablo. Colombia en el Corazón. San Cristóbal: Virgen de la Consolación. 186 pp.

(2000) Rojas Moreno, Fanny. La propiedad territorial en la antigua jurisdicción de La Grita. San Cristóbal, Litoformas.

IV. DISCURSOS:

(2006) Villamizar Molina, J. J. “Discurso de Orden en el Sesquicentenario de Creación de la Provincia del Estado Táchira.” San Cristóbal, Concejo Municipal de San Cristóbal.

Como ser humano, Pedro Pablo Paredres es un canto a humanidad. En él habita lo sublime y en lo profano, ha sabido vivir la alegría de la vida pero no le teme al dolor. Cuando tuvo que soportar estoicamente la enfermedad de su hijo, le acompañó, sufrió con él, y siempre estuvo a su lado para aliviarlo, y verlo morir en sus brazos. Es un hombre que ha sido humano, demasiado humano.

Como Padre, sus hijas le reconocen como un ser especialísimo, así afirma Laura Paredes de Biaggini: “papá siempre ha sido un ejemplo a seguir, le admiramos, le seguimos, es todo para nosotros.” Leda Paredes, por su parte, le acompañó en el acto solemne de la Academia de Historia y Sociedad Bolivariana del Táchira, expresó con gratitud. Y la gran ausente, su esposa, Doña Carmen Zambrano de Paredes, quien ya goza de la gloria de Dios.

Entre sus amigos, Pedro Pablo Paredes cuanta con una de las más aquilatadas amistades; se trata del poeta José Antonio Escalona Escalona, coetáneo, estudiaron juntos, fueron compadres de matrimonio mutuamente, y hasta la nominación al Premio Nacional de Literatura fue conjunta; el respeto es tan grande que J. A. Escalona se retiró al saberse compitiendo con su amigo del alma. La identificación entre estos dos poetas la expresa J. A. Escalona al afirmar: “somos dos almas gemelas.”

Desde el punto de vista de la antropología filosófica le debemos la definición más certera de los venezolanos, quizá sin muchas estadísticas y sin muchos cálculos, pero es igual de certera. Así manifiesta: “Nosotros no somos historiadores; ni somos sociólogos; ni somos políticos, como dicen ahora. Pero, tanto en clase como en la conferencia, hemos sostenido tesis que nadie ha contradicho ni de boca ni de pluma.” (2001,100) y continua: “hay dos tipos de venezolanos: los de la montaña y los del Llano. Los de la Montaña somos seres organizados, aún en la más extrema pobreza, nuestras casas están barriditas, y las gallinas en el corral; mientras el hombre del Llano es un hombre que vive a sus anchas, de bragueta abierta, y con las gallinas encima del comedor.” Y sentencia: “hasta que no se me demuestre lo contrario ese es el prototipo del venezolano.”

Es un grancolombiano a morir, su amor por Colombia lo ha llevado a estar expuesto incluso a la muerte. Me comentaba que en una oportunidad, en Mérida, tuvo que ser desalojado por la puerta trasera de un auditorio, porque lo querían linchar por afirmar en su conferencia que era colombiano a carta cabal. Y en su trabajo Colombia en el corazón (2001) nos manifiesta que “En el fondo y en verdad, los recelos en contra de la integración son característicos, al parecer, del subdesarrollo. Los países desarrollados tienen superado todo eso. Los países desarrollados, como son países cultos, son países integrados. Europa está, por caso, a la vista. Colombia y Venezuela, en este problema, no tienen para donde coger. O se integran para el desarrollo, o se desarrollan por separado, pero a costo casi inalcanzable. “ (p.101)

En este sentido, como una manifestación de su afecto por Colombia se otorgó la distinción Orden al Mérito de la Confraternidad Bolivariana, instituida por Sociedad Bolivariana del Táchira el 3 de octubre de 2006 para honrar la memoria de quienes se han destacado por el espíritu de hermandad grancolombiana. Y al mismo tenor, se le entregó la condición de Miembro de la Academia de Historia del Norte Santander, distinción emanada de esta corporación.

Esta es la enseñanza del nacido en La Raya, en la Mesa de Esnujaque, Estado Trujillo el 21 de enero de 1917, tachirense de vocación y colombiano de corazón. O como también gustas decirlo, y que Pablito Mora nos lo recrea hoy: “trujillano de nacimiento, merideño de crecimiento y tachirense de sentimiento. Es considerado junto con Mons. Jesús Manuel Jáuregui Moreno y Mario Briceño Perozo como la trilogía trujillana que más ha aportado al Táchira y a la andinidad en el cultivo de la elite intelectual. Realizó la Escuela Primaria en la Escuela Canónigo Uzcátegui, de Timotes. Entre las curiosidades de su vida está la anécdota, según la cual, la primera lectura del Quijote la hizo a los ocho años, y el libro se lo cedió un pulpero de su pueblo. Estudio la Educación Secundaria en la Escuela Normal de San Cristóbal, siendo sus condiscípulos J. A. Escalona, Marcos González y Josefina Bustamante de González. Maestro Normalista (1943) y Profesor egresado del Instituto Pedagógico de Caracas (1953). Su jubilación del Ministerio de Educación data del año 1964, pero fue en ese preciso momento comenzó su trabajo en la Educación Superior, ejerciendo su ministerio por más de 25 años en la Universidad Católica del Táchira. Fui testigo de excepción, cuando asistimos al acto realizado por la UCAT en homenaje al primer jubilado formalmente por esa entidad.

Apreciado maestro, Pedro Pablo Paredes permítame tomar prestadas sus propias palabras para finalizar, aquellas expresadas como desideratum del ser humano: “el hombre se realiza no tanto donde actúa, con todos los hierros de cada día; sino que se realiza, de veras, donde quienes tienen oídos para oír, como dice la Biblia, le oigan.” Hoy nos reunimos para decirle que estamos prestos a oírle, y que su legado cultural será un compromiso de vida.

RAMÓN J. VELÁSQUEZ MUJICA Y SUS PUBLICACIONES PERIODICAS

Dr. J. Pascual Mora García

Presidente de la Academia de Historia del Táchira

Muy temprano inicia su trayectoria cultural vinculada con las publicaciones periódicas. Los registros bibliometricos sobre la obra del Dr. Ramón J. Velásquez han sido acuciosos y, en particular, destacamos los realizados por Ildefonso Méndez Salcedo, intitulados: Ramón J. Velásquez, acercamiento a una persistente labor editorial y, Ramón J. Velásquez, una bibliografía selectiva; ambos publicados en el extraordinario trabajo colectivo editado por la Universidad Metropolitana (2003), que lleva por título: Ramón J. Velásquez, estudios sobre una trayectoria al servicio de Venezuela.

Sin embargo, debo agregar que pocos trabajos remiten sistemáticamente a sus publicaciones periódicas, es decir a la incesante labor como editor y escritor en revistas y periódicos. Y que a mi modo de ver fue la primera conexión con las letras y su vocación por el periodismo y la historia inmediata.

El decano de la prensa tachirense, Diario Católico, despierta la precoz vocación de periodista. Sus primeras responsabilidades fueron como corrector de pruebas, cuando apenas cursaba el cuarto grado (1931), siendo su padre director. Luego, en la Escuela Primaria anexa al Liceo Simón Bolívar va develando esa vocación al fundar el periódico Juventud, ya se anuncia al escritor desde los años pueriles, pues antes de concluir la primaria ganó el concurso monográfico sobre la vida de Simón Bolívar, publicado en el diario El Táchira dirigido por el merideño Carlos Rodríguez L. Este fue su primer trabajo en prensa. También de esta etapa se destacan sus trabajos como redactor de la revista Nautilus, con su artículo intitulado: Modificación espiritual, y que fuera publicado simultáneamente en otros rotativos como Orión, El Occidental, El País, de Maracaibo y el Perfil de Coro.

El 23 de julio de 1933 dictó su primera conferencia pública en el salón de Lectura de San Cristóbal, durante la presidencia de Alejandro Rojas. El tema abordado fue el 19 de abril de 1810, que por cierto fue publicado en El Nacional. En 1934, junto a Antonio Quintero García y Ciro Urdaneta Bravo edita la revista Antena, cuyo fin era ilustrar las mentes de los tachirenses con las novedades en arte y ciencia.

En Caracas, continuó sus estudios en el Liceo Andrés Bello en 1935, donde fue electo presidente del Centro de Estudiantes, y funda la revista Futuro, en cuya iniciativa le acompañan Rafael Heredia, Juan saturno Canelón y Pedro Chacín Chacín. En sus inicios como activista político, se vincula con de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), corría el año de 1936 y la muerte de Gómez vislumbraba un nuevo destino para Venezuela. Participa como redactor de la revista FEV, analista de temas universitarios en el diario Ahora.

En 1937, el diario El Universal (8 de marzo de 1937) publicó el ensayo: “Una página del gran Vargas Vila, Carlos Rangel Garbiras”. Merece especial atención la aclaratoria preliminar del artículo: “los párrafos que copiamos a continuación son de un artículo del joven escritor nacional Ramón J. Velásquez, sobre la incorporación del Táchira a la nacionalidad venezolana.” En primer lugar se destaca el reconocimiento temprano como escritor, pero es trascendental la segunda parte, cuando se dice. “la incorporación del Táchira a la nacionalidad venezolana.” Obsérvese aquí su lucha contra la mentalidad centralista caraqueña que históricamente se empecinó en declarar a los tachirenses como ciudadanos de segunda categoría, lucha que es necesario reconocer en este ilustre tachirense, máxime cuando hemos pasado el año jubilar del sesquicentenario de creación de Provincia del Táchira sin pena ni gloria. Tenemos esa deuda, y aprovecho la ocasión para decir que salvo el acto realizado por la Academia de Historia del Táchira el 23 de marzo de 2006, no se realizaron actos académicos conmemorativos en las universidades ni centros de difusión del pensamiento tachirense.

RAMÓN J. VELÁSQUEZ MUJICA

FILÓSOFO DE LA HISTORIA VENEZOLANA DEL SIGLO XX*

Dr. J. Pascual Mora García

Presidente de la Academia de Historia del Táchira


* Discurso en la sesión solemne de la Academia de Historia del Táchira en homenaje al nonagésimo aniversario del Dr. Ramón J. Velásquez Mujica. San Cristóbal, 12 de diciembre de 2006.


El pensamiento de Ramón J. Velásquez ha sido abordado desde diferentes ángulos y vertientes pero no en su dimensión filosófica. Como una forma de saldar esa deuda me propongo pergeñar una aproximación a su filosofía de la historia venezolana. Porque, sin ambages, uno de los grandes filósofos de la historia venezolana del siglo XX es el tachirense Ramón J. Velásquez.

En Ramón J. Velásquez la filosofía de la historia venezolana puede ser decantada a partir de dos tipos de historiografía o formas de considerarla:

En primer lugar, a partir de su predilección por una historia inmediata, que consiste en la descripción de los acontecimientos de una época en particular, de ordinario tiempos vividos por el escritor. Aquí se conjuga su vocación de periodista e historiador. Desde niño fue testigo del desarrollo de la historia inmediata a través de la prensa, pues su padre don Ramón Velásquez fue director de Diario Católico. Y luego su dilatada trayectoria en la prensa nacional, desde la época en que fue redactor de Ultimas Noticias (1943-1944), allí trabajó junto a Francisco Kotepa Delgado, Sergio Antillano, y Pedro Beroes. Luego fue reportero del diario El País (1944), y periodista en El Nacional desde 1945, diario que llegó a dirigir en dos oportunidades (1964-1968, y 1979-1983). Esto sin descontar su impresionante labor en las revistas y publicaciones periódicas a nivel nacional. En el análisis de su obra que hace Roberto J. Lovera De Sola nos revela esta facultad al señalar que “no es fácil ser historiador de lo contemporáneo. Mucho más arriesgado es trazar el cuadro de los acontecimientos cuando no sólo se ha sido coetáneo de sucesos sino cuando además se ha participado en ellos. Es arduo ser actor e interprete de hechos cercanos (…) Escribir historia del presente en Venezuela siempre ha sido tarea ingrata. (…) Esta es la labor que han tomado muy en serio algunos historiadores venezolanos quienes saben el riesgo que implica escribir historia del presente desde el presente, pero quienes están conscientes del servicio que obras como estas prestan. Uno de estos trabajos sobre la vida venezolana en este siglo, que nos presenta la peripecia venezolana entre 1922-1976, es el que publicó el historiador Velásquez. Nos referimos a sus Aspectos de la evolución política de Venezuela en el último medio siglo.” (Lovera De Sola, 2003:91-92)

Ramón J. Velásquez se inscribe entre los historiadores que han sido capaces de insertar su obra en la difícil conjunción de la temporalidad. Por igual trabaja el tiempo estructural como el tiempo coyuntural, o tiempo de la historia inmediata. En su obra Los pasos de los héroes (1981) expone su comprensión de la historia y nos revela su agudeza para su definición de la historia al decir: “la historia no es futurología, ni paleontología. Pero si brinda al investigador, al estudiante y al curioso impertinente, los elementos de información y juicio para poder adivinar entre las sombras de la madrugada qué es el futuro, los posibles pasos de una comunidad que vive en un escenario tradicional y tiene hábitos mentales, usos y costumbres que perduran por encima del cambio de las modas.” (Velásquez, 1981:XVI)

Nos enseña magistralmente que la historia no solo remite al estudio al tiempo pretérito, y este deslinde ha sido especialmente explicado en la historiografía francesa, al interno de la Escuela de Annales, por el francés Fernand Braudel quien acuñó la historia del tiempo en una trilogía: tiempo de larga duración (tiempo estructural), tiempo de mediana duración, y tiempo del acontecimiento (tiempo coyuntural).

En esta dirección nos recuerda Paul Ricoeur (2003) que “la historia de lo contemporáneo, llamada también historia del tiempo presente, constituye un notable observatorio para evaluar las dificultades que surgen entre la interpretación y la búsqueda de la verdad en historia.” (Ricoeur, 2002:445) Por eso el concepto de historia inmediata ha sido ha sido uno de los conceptos incorporados por la historiografía actual. El término histoire immédiate lo introdujo Jean Lacouture en la década del sesenta del siglo XX, y especialmente ha sido desarrollado por el grupo de historiadores de Historia a Debate en la Universidad Santiago de Compostela, bajo la coordinación del Dr. Carlos Barros.

La facultad que ha tenido Ramón J. Velásquez por escribir la historia inmediata lo define, según Pedro Grases, como “un espíritu vigilante”, por eso “Toda República necesita de espíritus vigilantes que sepan y se atrevan a formular sus advertencias para el bien común. Este es el papel que el Dr. Velásquez se ha impuesto a sí mismo como primera obligación.” (Grases, 2003:65)

En segundo lugar, hay en su obra una historia reflexiva, cuyo carácter consiste en trascender el presente, la exposición de los hechos no son referencia a un tiempo en particular sino que remiten al imaginario social; en este sentido, su obra cumbre es: CONFIDENCIAS IMAGINARIAS DE JUAN VICENTE GÓMEZ (1979).

Esta vertiente es el nervio central de su obra, y se divide en varias ramas, según los métodos históricos, así tendríamos: una filosofía de la historia general, en donde aborda los acontecimientos de la historia política venezolana teniendo como telón de fondo la vida de Antonio paredes (1869-1907); en este caso sobre sale su trascendental obra: LA CAIDA DEL LIBERALISMO AMARILLO: tiempo y drama de Antonio Paredes (1972). Esta obra divide la comprensión de la historia venezolana del siglo XIX en un antes y un después, incluso superando a autores tan connotados como Ramón Díaz Sánchez y Mariano Picón salas.

Seguidamente aparece la rama de la filosofía de la historia pragmática, en la que la historia tiene fines didácticos o moralizantes, destacamos aquí su iniciativa a rescatar la memoria de nuestro país desde la Secretaría de la Presidencia de la República, especialmente con la fundación del Archivo Histórico de Miraflores en 1959, obra de la cual quedó el BOLETÍN DEL ARCHIVO HISTÓRICO DE MIRAFLOIRES, acompañados de sus epígrafes.

Le sigue la rama de la filosofía de la historia crítica, en donde perfila el juicio de la historia al estilo marcblochiano de “abordar el pasado por el presente y el presente por el pasado.” En este punto tenemos que decir que Ramón J. Velásquez trasciende de la historia erudita, tan de moda en su tiempo, y toma partido por la historia crítica, contribuyendo así al análisis crítico de la historiografía venezolana. La obra paradigmática en este punto es su discurso de incorporación a la Academia Nacional de la Historia, cuyo título es: La obra histórica de Caracciolo Parra Pérez (1971), texto que luego publicó en sus Individuos de Número (2002). En esta obra se nos revela, por encima de todo, como un filósofo de la historia de herencia kantiana, al conectar el acontecimiento de lo local pero sin perder la visión de lo universal. Sin duda podemos decir que es un neokantiano, pues apela al auflarung kantiano, y nos recuerda la obra cumbre del filósofo alemán Manuel Kant: Ideas de la historia desde un punto de vista cosmopolita. Su filosofía de la historia permite decir que la “la historia que dejó escrita Parra Pérez no fue en absoluto una obra aldeana sino que constituye una labor, un intento tesonero, de situar nuestra evolución como pueblo en la historia universal. Su obra huye por lo tanto del localismo, del regionalismo, que es por otra parte, un mal, que pesa todavía sobre muchos de los estudios que sobre historia, o literatura, se escriben entre nosotros.” (Lovera De Sola, 2003:113) Ramón J. Velásquez asume que el plan de historia humana no puede ser más que la consecución de una comunidad universal que comprenda bajo una misma legislación a todos los pueblos, y garantice el desarrollo completo de las capacidades humanas.
También insertamos dentro de la categoría de la filosofía de la historia crítica sus variadas series de colecciones, destacamos sus colecciones acompañado de Manuel Pérez Vila y Pedro Grases, en especial, la colección del PENSAMIENTO POLÍTICO DEL SIGLO XIX; Colección NUESTRO SIGLO XX; colección VENEZUELA PEREGRINA; colección DOCUMENTOS QUE HICIERON HISTORIA; la colección de la BIBLIOTECA DE AUTORES Y TEMAS TACHIRENSES, y su esfuerzo por inc
entivar las colecciones de la BIBLIOTECA DE AUTORES Y TEMAS TRUJILLANOS, MONAGUENSES, Y ANZOATIGUENSES. Y por último una filosofía de la historia especial, en donde decanta una filosofía del arte, de la cultura, del derecho, en esas distintas esferas de la vida de un pueblo en un nexo con la universalidad. Y he aquí la sabiduría de este pensador de la historia, porque más que un historiador es un pensador de la historia; he aquí la dimensión que lo define como filósofo de la historia. Es un titán viviente de la estirpe de los intelectuales que nos lego el siglo XX; su nombre estará junto a los de Arturo Uslar Pietro, Mario Briceño Iragorry, Mariano Picón Salas, Luis Beltrán Prieto Figueroa, y la intelligentsia venezolana. Su trazo no se reduce simplemente a modelar la llamada Historia Patria, ni sólo a contar lo local o a recrear el acontecimiento sino que arriesga sus propias ideas con un sentido fundante, es decir, sabe dar de qué o cuál historia, y cómo se construye la historia, porque ha sido actor y conoce todas las patologías sociales sobre las cuales se funda. Igualmente deslinda la supuesta neutralidad valorativa con que algunos historiadores pretenden contar la historia, toma partido y se compromete; no es pues un eunuco ideológicamente hablando, para decirlo con palabras de Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Y finalizamos este esbozo sobre sus obras señalando que quizá la semilla por la filosofía de la historia fuera sembrada por Caracciolo Para León, su profesor de filosofía en el Liceo Andrés Bello en Caracas, a quien acompañaba luego de sus clases hasta su casa, y en la que confiesa que fueron mucho más provechosas esas conversaciones para su formación que las mismas clases. También tenemos que agregar que su entorno familiar fue clave para su compresión de la historia; en donde, indudablemente su padre Ramón Velásquez ejerció un rol protagónico junto a doña Regina Mujica de Velásquez, quien se dedicó por entero al magisterio: medio siglo de su vida estuvo dedicada al servicio de la enseñanza y a la fundación de diversos centros de formación docente en el Estado Táchira.

La Academia de Historia

Por José Pascual Mora García
Tomado de Diario de La Nación del 11/07/06

Recientemente hemos venido recibiendo comentarios que pretenden incitar a la Academia de Historia del Táchira a un discurso político, que incluso se expresa en un lenguaje soez, y poco cónsono con la institución. Quiero manifestar que la institución que nació en 1942, con rango de Academia desde 1991, sí tiene un proyecto institucional. Claro que ese proyecto lo conocemos y lo trabajamos quienes cumplimos con el Reglamento, y asistimos regularmente a sus Sesiones Ordinarias.
Llama la atención que precisamente quienes tienen una inasistencia reiterada, que incluso ponen en riesgo su propia condición de Individuos de Número Activos, sean precisamente quienes se erijan en voces autorizadas para increpar a quienes hacemos ad honorem que ha merecido el reconocimiento de los más diversos sectores regionales, nacionales e internacionales. Invitamos a conocer nuestros proyectos, para ello pueden consultar el blogspot: academiadehistoriadeltachira.blogspot.com, y el servidor: www.hedure.com/academicum, en donde se puede consultar el trabajo y los proyectos institucionales realizados los últimos dos años, y lo que tenemos proyectados para el 2006.
Apostamos por el trabajo honesto y sin celestinajes ideológicos de ningún sector. De hecho hemos expresado nuestros criterios en los escenarios académicos nacionales e internacionales cuando se ha menoscabado el patrimonio histórico o cuando se ha vulnerado la ciencia de la historia. Ahora mismo nos preparamos para discutir en los escenarios académicos el problema de la enseñanza de la historia; para ello he recibido la invitación a participar en diversos congresos nacionales e internacionales. El 7 y 8 de julio estaré en Barquisimeto invitado para debatir el tema, y el 16 de julio parto a Sevilla- España a 52 ICA para exponer mi ponencia al respecto. Y en octubre se realizará en Barquisimeto un evento similar. En nuestra institución hacemos vida académica diversos sectores representativos de la vida política del Táchira, pero nunca se pone por delante el tinte político en las decisiones institucionales. Un ejemplo de la diversidad ideológica en la formación intelectual lo encontramos en la formación académica de sus miembros. Por lo menos cinco de los seis Individuos de Número, con título de quinto nivel en el campo histórico, hemos recibido la formación directa de uno de los más grandes historiadores del siglo XX: El Dr. Federico Brito Figueroa, quien a pesar de sus convicciones marxistas siempre respetó la diversidad. La unanimidad de opinión no hace ciencia; y menos los sectarismos.

Nueva Directiva

La Academia de Historia del Táchira ha renovado su directiva. Procediendo de acuerdo con las disposiciones estatutarias, el pasado Miércoles 10/05/06 se realizó la elección en el Salón de Sesiones de la Institución, los nuevos directivos durarán en sus funciones hasta Mayo del 2.008. Los resultados fueron:

Presidente: Dr. José Pascual Mora García
VicePresidente: Mons. Raul Méndez Moncada
Secretario: Dr. Roberto Esteban Avendaño
Tesorero: Dr. Luís Hernández Contreras
Bibliotecario: Dr. Ramón González Escorihuela
Comisión de Boletín y Publicaciones:
Arq. Ligia E. Mogollón de M., Antrop. Reina Durán y Prof. Felipe Guerrero


En Sesión Extraordinaria se designó como Orador en el Acto Aniversario al Dr. Luis Eduardo Zambrano Velasco, lo cual se cumplirá el 23 de Mayo próximo, aniversario de la Invasión de los 60.
Haga click sobre el nombre para ver la foto y use la flecha de retroceso de su navegador para regresar
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e-mail del Presidente: pascualmora@cantv.net
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Crónica del Acto en Lobatera el 21/04/06

Lobatera de gala


por: J.J. Villamizar Molina *

Tomado de Diario de La Nación del 26/04/06



El pasado viernes 21 de abril ocurrió en esta ciudad un magnífico y extraordinario suceso, de esos que sólo se ven en nuestras ciudades cada cien años. La Academia de Historia del Táchira que preside el erudito y competente doctor José Pascual Mora García celebró, de 7 a 11 p.m., una sesión solemne en su iglesia con la finalidad de conmemorar el Primer Centenario de la Banda Sucre de esa localidad y los 130 años del nacimiento del Pbro. Br. Pedro María Morales, "sacerdote esclarecido" educador insigne, promotor social, religioso y cultural". El acto, sobria y elegantemente conducido por el secretario de la Academia, abogado Roberto E. Avendaño, fue abierto por el Presidente, quien después de dignificar los hechos que se conmemoraban, entregó acuerdos de reconocimiento a la Banda Sucre, al párroco de Lobatera, Iltmo. Mons. Erasmo Chacón; a la ciudadana alcaldesa, abogada Natalia Nacarid Chacón, y a la Banda Sinfónica del Táchira "Simón Bolívar". El majestuoso templo lucía esplendorosamente iluminado en su interior y exterior, dando a la ciudad una estampa de soberana belleza. El académico, doctor Luis Hernández Contreras, pronunció el primero de los discursos, recordando sucintamente la creación e historia de la banda centenaria. La segunda de las piezas oratorias fue pronunciada por el Iltmo. Mons. Raúl Méndez Moncada, decano de la Academia, quien hizo un sentido y hermoso panegírico del padre Pedro María Morales, con lo que conmovió hondamente al numeroso público que plenaba el templo.
Después de los dos discursos conmemorativos, tuvo ejecución un concierto de la Orquesta Sinfónica del Táchira "Simón Bolívar". Ante todo, debemos decir que nuestro estado se enorgullece de poseer una Sinfónica compuesta de tan pulidos músicos que le dan realce, categoría y unidad. Fueron 8 intervenciones con pentagramas de un selecto y variadísimo repertorio. Este exaltó, en primer lugar, tanto las composiciones interpretadas como a sus autores, fuesen de otros lares o
tachirenses”, entre ellos los maestros Marco Antonio Rivera Useche y Jesús Corrales Sánchez. Yo diría que lo único que faltó fue la música de Eloy Galaviz, el más grande de nuestros compositores, el "Paganini venezolano", como lo llamó entre muchos el maestro Mauricio Elías Soto Uribe, su amigo y autor del bambuco "Las Brisas de Pamplonita". La primera pieza que irrumpió en el concierto fue "San Cristóbal Andina". Dirigió la batuta el maestro Miguel Angel Chacón,
director de la Banda Sucre. Asumió entonces la dirección de la orquesta el muy calificado doctor y académico Luis Antonio Hernández Contreras. Debo confesar sinceramente lo que a mí me aconteció esa noche. En ninguno de los conciertos a los que he asistido, tanto en Venezuela como en los distintos continentes del mundo, había ocurrido que mi asiento quedase casi al frente del Director, de tal modo que yo tenía la selecta oportunidad de observar y analizar cada uno de los movimientos de su rostro y de sus músculos, de sus dedos, de sus manos, de sus muñecas, de sus brazos, cuello y cabeza, de todo él. Era una consubstanciación muy armónica, perfecta y disciplinada. En tal forma se revelaban magistrales las órdenes que impartía el Director a cada uno de los integrantes de la Orquesta. Todos los que le observaban quedaron admirados de tan coordinado esmero y sapiencia. El programa musical fue profuso y la capacidad y maestría de
variaciones en la temática eran tan perfectas que dejaban absortos a los oyentes. La iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Lobatera se convertía en una armoniosa caja de resonancia.

El acto estuvo realzado por el periodista Carlos Alviárez Sarmiento, quien intervino para hacer donación de calificados CDs de la banda; por un numeroso público, por la Alcaldesa y concejales del Municipio, por los señores individuos de número, entre ellos el doctor Samir Abdalá Sánchez Escalante, cronista de la ciudad de Lobatera, y el Prof. Tirso Sánchez Noguera, cronista de la ciudad de Táriba, y por los miembros honorarios de la Academia, los doctores Alberto López Cárdenas y Francisco Ramírez Espejo.

*Cronista de la ciudad de San Cristóbal

Discurso de Monseñor Mendez

El Padre Pedro María Morales

Tomado de Diario Católico del 22/04/06


Ayer hubo un acto muy importante en Lobatera en que se recordaron los 100 años de la Fundación de la Banda Sucre y los, 130 años del nacimiento del Padre Pedro Maria Moraies, fundador de esa Randa y gran benefactor de Lobatera.
Con ese motivo la Academia de Historia presidida por el Dr. Pascual Mora celebró una Sesión Solemne en la Iglesia, en que los oradores de orden fueron el Dr. Luis Hernández Contreras, quien habló sobre la Banda y Mons. Raúl Méndez Moncada quien hizo una breve biografía del Pbro. Pedro María Morales.
Entre las cosas que dijo Mons. Méndez está el que era un hombre de una gran cultura y muy progresista y por eso fundó la Banda Sucre y un Colegio para Señoritas, al frente del cual puso a la escritora y poetisa Cora Sánchez de Terán y otro para varones al cual dio el nombre de Santo Tomás de Aquino.
Fundó también un Centro Cultural y se preocupó como el que más por el adelanto de Lobatera
El frontis del templo, una obra de gran arquitectura está hablando de la preocupación del Padre Morales para hacer en honor de Dios una casa lo más digna posible. Esas torres, esa fachada son un monumento levantado por el Padre Morales al Dios de las alturas.
Murió a temprana edad; no habla cumplido tos 50 años pero dejó un recuerdo imperecedero.
Bien está que Lobatera le haya dado su nombre a una Avenida y haya colocado un busto de este insigne sacerdote en un lugar bien visible de la ciudad.



Discurso de Monseñor Méndez Moncada en la Iglesia de Lobatera el 20/04/06:

El 22 de Febrero pasado se cumplieran cien años del nacimiento del Padre Pedro Maria Morales que tiene gran vinculación con esta parroquia de Lobatera puesto que aquí pasó gran parte de su vida y desarrolló una fecunda labor.
Nació en un sitio llamado la Ramada un poco más abajo de El Cobre. Era hijo de Don Félix Morales y de Doña Carmen Gómez de Morales.
Al tiempo de haber muerto sus progenitores el Padre Morales trasladó sus restos a la Iglesia de El Cobre, como era la costumbre de la época, y colocó sobre ellos una lápida de mármol donde se leía e1 bello pensamiento de San Agustín: «Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima se evapora, una oración la recibe Dios».
De pequeño leí esta inscripción y todavía la recuerdo. Por la línea paterna era pariente muy cercano del General Espíritu Santo Morales, famoso líder liberal del Gran Estado Los Andes a fines del siglo XVIII cuya presidencia desempeñó por varios años hasta que lo derrocó el Gral. Cipriano Castro en la Batalla del Zumbador que le abrió a este las puertas del poder nacional.
Entre la generación de los Morales cabe destacar al Comandante Calos Morales, sobrino del Padre Pedro Maria, que fue Gobernador del Estado Lara. Allí quedó impresa su huella en ese obelisco símbolo de Barquisimeto construido durante su mandato.
Habría que destacar al Dr. Ramón Vicente Casanova Rector de la Universidad de Mérida, Gobernador de ese Estado, Senador al Congreso Nacional, creador de la Cátedra de Derecho Agrario y Profesor de la misma, autor de varios libros, entre ellos: «Candelas en la niebla» que fue llevado a la pantalla. Habría que nombrar a Mons. Delfín Moncada Morales, ampliamente conocido en tiempos del General Eleazar López Contreras del cual fue su Capellán y hombre que le hizo mucho bien especialmente a los Andes.
Habría que nombrar al Dr. Fabio Méndez Moncada. Presidente de la Asamblea Legislativa del Táchira, Diputado al Congreso Nacional. Presidente de la Corporación de la Andes sección Táchira.
El Padre Morales hizo sus estudios de Bachillerato en el Colegio de Mons. Jáuregui en La Grita y mostrando inclinación al sacerdocio, vistió los hábitos clericales.
Para terminar sus estudios fue enviado, junto con otros compañeros a Curazao donde el Obispo de Mérida había construido un Seminario puesto que en Venezuela desde tiempos del General Guzmán Blanco estos Institutos de estudios eclesiásticos estaban cerrados.
Regresó muy enfermo de los pulmones, para ser ordenado por Mons. Antonio Ramón Silva en San Antonio y venirse luego a su casa de la Ramada a reponer su salud bajo los solícitos cuidados de Doña Carmen su querida madre.
Dizque dormía en un colchón de helechos y todas las mañanas tomaba un vaso de leche recién ordeñada con un poco de Brandy (remedos de la época). El reposo y la paz de aquel lugar, la alimentación adecuada. Fueron parte para que poco a poco fuera recuperando la salud.
Ya bastante restablecido fue enviado a Táriba a ayudar al párroco en las actividades de la parroquia.
Allí entabló estrecha amistad con el Dr. Domingo Antonio Colmenares a quien por razones de salud tenía que visitar con frecuencia. Este médico le facilitó libros y le dio muchos conocimientos de medicina que después utilizarla aquí en Lobatera.
En 1904 llega a esta población, joven, lleno de entusiasmo Con ánimo de llevar adelante un gran tarea espiritual.
Desde el principio se captó el aprecio de todo el pueblo por su simpatía, su gran don de gente, su gran espíritu de servicio y por su entrega a la gran misión que se le habla encomendado.
Uno de los primeros proyectos fue construir la Iglesia, que estaba en muy malas condiciones. Habla sido edificada aprisa después del terremoto de 1875 y acusaba mucho deterioro.
Puso manos a la obra y poco a poco fue surgiendo el nuevo templo con este hermoso frontis que es un gran monumento levantado por el Padre Morales a la gloria de Dios
El Padre Morales Era un hombre de una gran cultura Tenía una magnífica biblioteca y en ella la Enciclopedia Espasa, quizá la única que habla en el Táchira, Es de advertir que la Enciclopedia Espasa era la última palabra en esa época, de los conocimientos humanos. imagínense ustedes a este hombre perdido en un pueblecito de la montaña y entre sus libros la Enciclopedia Espasa
Un viajero ilustrado de Caracas que hizo un viaje por esta región del Táchira en 1913 el Dr. .Juvenal Anzola, se expresa así e Lobatera y del Padre Morales
“Lobatera es alegre, el valle poético, sus contornos exhiben valles verdes y en el espíritu de sus moradores la luz de su sol y la alegría de aquella naturaleza viva se manifiesta en todo su esplendor; las campestres flores brillan y son exquisitos adornos y prodigios de fragancia.
Hay en el lugar aliento de generosa vida y movimiento mercantil: conté siete tiendas mixtas, 10 bodegas, 8 pulperías, un b111a una botica y dos hoteles. El cura de Lobatera es un sacerdote joven, estudioso, ilustrado, progresista. Ha trasformado la Iglesia; la fachada es toda nueva, es obra de arte recomendable; quiere que el templo tenga la mayor magnificencia para ofrendarlo a Dios. Su espíritu ilustra y engrandece la casa parroquial, donde tiene una biblioteca de excelentes autores Sabe cuidar las almas y busca en los estudios el camino de la luz para ser útil. Conoce de leyes de medicina y de los Santos Padres, sus maestros es admirador.
Es hombre el Presbítero Pedro María Morales llamado por sus méritos a sobresalir en la Milicia Sagrada.
Estos son los conceptos elogiosos del IX Juvenal Anzola, sobre el Padre Morales.
A la par de culto era tan buen orador que se le llamaba a predicar en las fiestas y en otros acontecimientos importantes
El Obispo de la Diócesis. Mons. Tomás Antonio Sanmiguel, lo quiso llevar a San Cristóbal para que le sirviera de secretario y fuera su mano derecha en el gobierno de la Diócesis. Habló con Mons. Primitivo Galaviz, sobre ese proyecto y Mons. Galaviz le dijo “si ya lo tiene resuelto así yo no tengo que decirle nada pero, si me consulta no creo prudente este cambio. Lobatera y los pueblos vecinos van a reclamar y se va ha presentar un problema”.
El Sr. Obispo optó por dejarlo en Lobatera. Lástima que no hubiera dejado nada escrito se le hubiera leido con mucho Interés.
Entre la obras de progreso que el Padre Morales promovió en Lobatera, esta la fundación el 19 de Abril de 1906 de la banda a la que dio el nombre de “Sucre”. Desde entonces esta banda ha solemnizado la fiestas, tanto patrióticas como religiosas.

Y a esto habría que agregarle en 1908 la creación de un colegio de segunda enseñanza para señoritas en que recibió la valiosa ayuda de la escritora y poetisa Cora Sánchez de Terán y de Maña Antonio Mora
En 1914, con la colaboración de don Alejandro Rojas Figueroa, funda un centro de cultura y recreo para la culturización de la juventud.
Y en 1917, por iniciativa del Padre morales una junta de Padres de familia estableció el Colegio Santo Tomás de Aquino, para que los varones recibieran una educación de acuerdo con los principios morales y religiosos Para regir este colegio vinieron de Colombia el Pbro. José Villamizar y el Sr. Efraín García. Como se ve el Padre Morales quería hacer de su parroquia Lobatera un pueblo culto y religioso.
Pero, lo que más hizo mas celebre al Padre Morales fue su afición y acierta a la medicina.
En aquel tiempo en que solo había algún médico en San Cristóbal, la gente acudía a los empíricos, para recuperar la salud perdida. Yen el Padre Morales se unían dos condiciones, para que los enfermos acudieran a él: el ser Sacerdote y el ser muy acertado en sus diagnósticos y tratamientos.
Lobatera se veía todos los días visitada por cantidad de gente que venia en busca del Padre Morales para que los atendiera en sus enfermedades o de algún familiar que estaba en cama. El Padre Morales tenla un ingenio chispeante. Me contaba el coronel José Antonio Mora Pérez, que siendo muy joven estaba en casa del Padre Lucio Becerra, párroco de Michelena cuando llegó el Padre Morales de paso para Colon a donde iba a predicar la fiesta de San Juan Bautista. Invitó al Padre Becerra para que lo acompañara y este se excusó diciendo que a él no lo hablan convidado.
Aguárdese un momento dijo el Padre Morales, búsqueme un papel y le ponemos un telegrama al Padre Eloy Párroco de Colón, diciéndole que vamos para allá
Le trajeron el papel y escribió:
“Presbítero Eloy Contreras. Colón
échele papas a la olla
y auméntele más menestrales
con perejil y cebolla
tuyos Becerra y Morales”.
El Coronel Mora Pérez llevó el telegrama al telegrafista Don Ello Pérez, padre del Dr. Antonio Pérez Vivas, que fue gobernador del estado en tiempos del General Marcos Pérez Jiménez. Don Elio se rió al leer el telegrama y el coronel Mora Pérez lo conservó en la memoria para relatármelo a mí en medio de sonrisas.
Cayó enfermo de gravedad el Padre Morales y era necesario traer un médico de San Cristóbal un médico para que lo viera. Uno de los pocos médicos que había era el Dr. Blanco, que vino cobrando la suma de mil pesos por sus servicios. El pueblo recogió este dinero, tanto apreciaba a su párroco que lo quería ver restablecido de salud. Pero la enf enfermedad fue implacable y ante el dolor de la feligresía murió el Padre Morales el 22 de noviembre de 1925.
Yo conocí al Padre Morales. Era mi padrino de confirmación. Siendo pequeño el Padre fue al Cobre a visitar a su hermana Doña Florinda; casada con tío Fidel Morales.
En la mañana salió a la esquina a contemplar el paisaje, yo estaba jugando en la plaza con otros compañeros. Alguien me dijo: «Ese es su padrino, vaya y le pide la bendición». Sal corriendo y le pedí la bendición. El me puso la mano en la cabeza y preguntó: «De quien es este muchachito». Le dijeron: «de Don Joaquín y Doña Rasolina”.
«A este es el ahijado., metió la mano en el bolsillo de la sotana y sacó un fuerte y me lo dió. Que alegría tan grande la mía Eso era un capital para mi; dígame 5 Bolívares. Salí corriendo y se los entregué a mi mamá para que me los guardara.
Es el recuerdo que tengo del Padre Morales
He aquí algo de su vida; bien está que Lobatera lo recuerde con cariño y gratitud y que le haya puesto su nombre a una de las avenidas y colocado su busto para la admiración de las generaciones futuras.